DIARIO DE UNA INSOMNE - CAPITULO 4




Esa noche era diferente a todas las demás, sentía el anhelo que Caspian provocaba en mí, en mi corazón. Deseaba verlo de nuevo, quería volver a jugar su juego, quería sentirlo una última vez. Me levanté incrédula una vez más y me dirigí hacia la alfombra roja de gruesa lana y, cogiéndola de un extremo, la levanté. Nada, seguía sin haber nada, ni rastro de la trampilla que me llevó la última vez junto a él. Me dejé caer abatida sobre el sofá  y me quedé obserbando el techo sin fijar ningún punto en concreto.

Debían ser las tres de la mañana cuando, de los altavoces de la mini cadena de mi estudio, empezó a sonar con gran fuerza la melodía de Time Is Running Out de Muse. En mis oídos retumbaba con fuerza la letra de la canción, una y otra vez, cada vez más repetitiva, cada vez más atrayente. Me acerqué con gran curiosidad mientras mis manos inconscientes le daban más volumen. Cerré los ojos para escuchar su mensaje mientras las ondas expansivas de sonido despeinaban mi cabello suelto, atravesaban mi cuerpo, electrizándolo, sacudiéndolo y sumiéndolo en un frenesí incontrolable que me hizo perder de vista todo mi alrededor. Giré y giré, miles de vueltas dí hasta sentir que mis pies ya no tocaban suelo.

Un rayo de luz impactó en mi cara, obligando a mis ojos a entrecerrarse para poder ver la silueta que se dibujaba en su interior. Inmóvil y expectante esperé paciente mientras adivinaba como la figura iba tomando forma. Avanzaba hacia mí, sugerente, provocativo, hipnotizante. Sus ojos se clavaron en los míos y de repente sentí el calor de su cuerpo, desde la lejanía noté su piel ardiendo, sus pensamientos fluyendo por los míos. Caspian estaba enfrente de mí, observándome fijamente, juzgando cada movimiento, cada pensamiento, cada respiración, cada movimiento que hacía para él.

Nuestros dedos empezaron a chasquear la melodía, llevando nuestras cabezas de un lado hacia otro, saltando, gritando desesperadamente, como posesos " Our time is runing out" hasta acabar tan afónicos que ya no fuimos capaces de pronunciar ni una nota más.

Todo había acabado a pesar de que la melodía todavía resonaba en nuestras mentes, a pesar de seguir bailando, más lentos, más acompasados, mas cercanos.
Soltándome de una mano, con la suya impulsó mi cuerpo para que diera una vuelta, para que girara una y otra vez mientras me sostenía, mientras seguía hablándome con la mirada.

Silencio

Brisa

Atardecer.

-No me puedo creer que esto tenga que acabar aquí. - dijo Caspian.
-Pertenecemos a mundos diferentes. - Mis manos arrancaron un puñado de hierba dejándome en las manos su inconfundible aroma a césped recién cortado. Mi corazón estaba a punto de romperse en mil pedazos pero debía ser fuerte, mantener el dolor que me provocaba el no volver a verlo más, a raya. - ¿Que es lo que te mantiene atrapado aquí? - pregunté finalmente.
-Es complicado...
-Cuéntamelo
-Bueno, digamos que es...un castigo...
-¿Un castigo? ¿Y que es lo que has hecho, si se puede saber? - pregunté delicadamente.

Silencio


-Desearte...
-¿y por eso estás aquí?
-Si...
-¿Que clase de persona es capaz de castigar el deseo?
-Eso ahora no importa, encontraré el modo de verte. Lo haré.
-¿No me quieres contestar? vamos...no será tan malo...
-Fué mi padre...es complicado ya te lo dije. Tenía demasiadas responsabilidades, tenía demasiadas obligaciones...y te vi...allí estabas...en tu terraza observando las estrellas con la mirada perdida en algún lugar. Pero ahora estoy atrapado y jamás saldré de aquí si no logro encontrar el modo de engañarlo...
la melodía de nuevo empezó como un suave murmullo, avanzando desde la lejanía, sacudiendo todo lo que rozaba, avisando de su llegada aterradora, la música se estaba empezando a meter nuevamente en mi cabeza, su sonido martilleaba mi mente, cada vez más asfixiante, cada vez más intensa.
-He hablado demasiado...lo siento...y por mi culpa debes irte...debí ser más prudente... - Su voz era prácticamente un grito ahogado por el dolor que le provocaba nuestra separación, sus manos aferraron con fuerza las mías y permanecimos inmóviles, a la espera del impacto, del brutal silbido demoníaco que inundaba mis oídos. Ya había llegado, ya estaba metido en mi cuerpo de nuevo, el sonido que me alejaría definitivamente de Caspian.
Sus cabellos ondulaban a cámara lenta en el cielo mientras yo desaparecía ante sus ojos...

Mis ojos se abrieron debido a la caída de uno de mis auriculares que se había descolgado de mi oreja para aterrizar sobre el cojín en donde había apoyado mi cabeza y me había quedado dormida, seguía sonando la misma melodía de Muse, una y otra vez saltaba una frase en el mp3 "I WANNA PLAY THE GAME I WAN´T THE FRICTION"

Silvia Martínez








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